Confinamiento, día 46

con Prem Rawat
May 05, 2020
“Si sueñas con un país que te dé oportunidades y esperanza, es posible. Lo tienes que hacer tu. Nosotros, las personas de este planeta Tierra, somos los responsables por su destino.” –Prem Rawat --- Prem Rawat se está preparando para presentar su Programa de Educación para la Paz (PEP), un curso cuyo objetivo es el autodescubrimiento de nuestros recursos internos. Durante esta preparación, presentaremos diariamente, en la serie “En Confinamiento – Cuenta regresiva al Programa de Educación para la Paz” historias de participantes del PEP en diferentes partes del mundo. --- Se puede encontrar más información sobre el Programa de Educación para la Paz en TPRF.org.

Confinamiento – Día 46

Cuenta regresiva al Programa de Educación para la Paz

Prem Rawat:

Estoy aquí hoy, en una Sudáfrica libre. Pero tenemos que asegurarnos de que la libertad no sea solo externa, sino que esté también adentro. Porque sin la libertad de adentro, la libertad de afuera en realidad no importa.

Texto en pantalla:

Kabelo Padi. Facilitador del Programa de Educación para la Paz:

Vemos que las personas tienen sed de que les llegue un mensaje como este.

Texto en pantalla:

UDF – NUESTRA LUCHA POR LA LIBERACIÓN ES UNA LUCHA POR LA PAZ

Especialmente aquí, en Soweto. Es una comunidad donde han sucedido muchas de las actividades del apartheid. Y creo que el mensaje servirá para educar a las comunidades locales, para que puedan decir: “La paz empieza contigo, tu paz interior.”

Texto en pantalla:

Ernest Leketi

Coordinador de Desarrollo de la Juventud

Departamento de Desarrollo Social de la Ciudad de Joburg

Para mí hubo un antes y después de asistir al Programa de Educación para la Paz, porque antes nunca tuve un entendimiento claro de la paz. Era solamente la paz general, la paz en la sociedad. Después de que recibí el mensaje compartido por Su Excelencia Prem Rawat, capté el entendimiento de la paz interna.

Texto en pantalla:

PEP

Educación para la Paz

Florecimiento en Sudáfrica

Narrador:

El PEP sigue floreciendo en Sudáfrica, ya que va aumentando el número de ONGs, escuelas y centros de capacitación que han integrado estos talleres en sus programas. Ernest Leketi y el equipo entusiasta de voluntarios en Soweto han desempeñado un papel clave para ampliar el alcance del programa, llegando más allá de Soweto.

Ernest Leketi:

Cuando participan las comunidades encontramos gente joven que ha perdido la esperanza. Pero una vez que les presentan el Programa de Educación para la Paz empiezan a respetarse a sí mismos, a tomarse a sí mismos muy en serio.

Texto en pantalla:

HITTENDRA NAGIN

Equipo de Apoyo al PEP en Sudáfrica

Hittendra Nagin:

Esto no les señala sus problemas. Les señala una fuente de esperanza, de energía para llevar las cosas adelante.

Texto en pantalla:

MATSHIDISO MAIBIBA

Participante del PEP:

Me enseñó a amar, a no ser rencorosa, a perdonar a quienes me han lastimado.

Tholoana Chalatse:

Yo era una persona llena de ira. Reaccionaba mal hasta con una pequeñez. Pero a través del programa aprendí a quedarme tranquilo, a no tomarme las cosas abruptamente o comportarme de una manera de la que me pudiera avergonzar mañana. Así que hubo transformación, porque tuve que aprender cosas nuevas, técnicas para evitar situaciones que me pueden traer problemas.

Participante del PEP:

Para mí, este programa básicamente me presentó a mí misma. Y me enseñó que para ser buena con otras personas tengo que comenzar conmigo.

Texto en pantalla:

Una fórmula para la paz

Prem Rawat en Soweto, Sudáfrica

Prem Rawat:

Tienes que recordar una cosa, y es que tú no eres tus problemas.

Cualquiera que sea el problema, sea cual sea el problema que viene y va, tú no eres tus problemas. Tú eres un ser humano. Tienes cierto poder, cierta fuerza. Y los problemas son como nubes: vienen, se van; a veces son grandes, a veces son pequeños; a veces no están y a veces están por todas partes.

Pero la montaña que está en la tierra no se mueve con las nubes. No se hace más grande o pequeña con las nubes. Tú eres la montaña, las nubes son tus problemas. Y esta es la historia que quería contarles:

Había una vez un hombre que nunca había visto un elefante. Así que decidió ir a ver algún elefante. Preguntó y le dijeron que había una aldea en África, donde había elefantes grandes. De modo que este hombre viajó a África. Llegó y vio unos elefantes muy grandes. Y como nunca los había visto, se quedó muy sorprendido.

Entonces observó que los elefantes estaban atados con una cuerdita pequeña y delgada en las patas. Y nada más. Así que se quedó sorprendido: “Un elefante tan grande… ¿lo están reteniendo en este lugar con esta cuerdita tan pequeña?”

Fue donde el jefe y le dijo: “Jefe, estos elefantes son fuertes, ¿no es así?” Y el jefe le dijo: “Sí, son muy, muy fuertes.” Y luego: “Jefe, tengo una pregunta, ¿cómo puede ser que a este animal tan grande, tan fuerte, tan poderoso lo tengan retenido con esta cuerdita tan pequeña.”

Y el jefe le dijo:”Ah, déjame explicarte. Cuando eran bebés los atábamos con esta cuerda. Trataban de moverse y no podían. Y así los reteníamos. Ahora que han crecido y son grandes y fuertes ya no lo intentan. Piensan que esta cuerdita tan pequeña los está reteniendo en ese lugar. Por supuesto, si lo intentaran, esta cuerda no puede retener un animal tan poderoso. Pero los elefantes se han dado por vencidos. Han dejado de intentarlo.”

¿Por qué les conté esta historia? Porque en cierta forma esto es lo que está sucediendo. Lo que somos, lo que eres tú es mucho más que la suma de tus problemas. Pero llegan estos problemas y te están reteniendo, y no te das cuenta de tu propio poder. No te das cuenta de tu propia fuerza, que como ser humano tienes adentro: la fuerza de superar estas barreras.

Si sueñas con un día despejado, es posible. Si sueñas con un país que te dé oportunidades y esperanza, es posible. ¿Quién lo va a hacer? Lo tienes que hacer tú.

Nosotros, las personas de este planeta Tierra, somos las responsables de su destino. Esperamos que nuestros dirigentes nos solucionen nuestros problemas. Estos llamados líderes han venido fallándonos durante muchos, muchísimos años; un año tras otro ininterrumpidamente. Y nos quedamos ahí sentados y decimos: “Sí. Soluciónalo.” ¿Cómo?

Tenemos que depositar nuestra confianza en nosotros, no en los líderes. En nosotros, dándonos esperanza, alumbrándonos el camino los unos a los otros.

Antes de venir aquí estaba en una reunión con algunas personas y les dije: “Incluso cuando tienes problemas, aún cuando tienes situaciones que no son buenas, el bien está siempre ahí.” Lo bueno está siempre ahí.

Si un día despiertas, abres la puerta y está nublado –una niebla muy densa–, ¿significa eso que todo ha desaparecido? Ahí está, tú no puedes verlo, pero sigue ahí. Y cuando se levante la niebla volverá a verse.

Esto requiere paciencia. Esto requiere paciencia. Pero si solo tienes paciencia y no estás haciendo nada más no va a dar resultado. No te puedes quedar ahí sentado diciendo: “De acuerdo, de acuerdo; ¿qué puedo hacer?, ¿qué puedo hacer?”

Haz lo que haga falta. Haz lo que sea preciso. La gente dice: “¿Qué se puede hacer con la niebla?” Muévete. Muévete a un lugar donde no haya niebla ¿No te gusta la niebla? Ve a un lugar donde no haya.

Pero la gente se lamenta: “Ah, tengo problemas terribles. Tengo tal cosa...” Porque nos gusta quejarnos. Nos encanta quejarnos.

Si no tuviéramos de que quejarnos –y dos personas se encuentran en la calle, no sé qué se dirían. Estaría como... “No sé qué decirte.”

Nos encanta quejarnos. Nos encanta quejarnos de Dios. Hace poco vi un artículo en el que alguien decía: “Ah, Dios es terrible, Dios es ésto, Dios es aquello.” ¿Por qué te estás quejando? Dios te hizo a ti; tú creaste tus problemas. ¿Por qué culpas a Dios? Dios te hizo a ti y tú eres el Dios de tus problemas. Tú creaste tus problemas. Y en tu mundo, ¿eres más importante que tus problemas? No.

Tus problemas vienen a devorarte y tú les dices: “Aquí está; “¿qué mano te gustaría comerte primero?, ¿quieres comerte primero la pierna?, ¿o la cabeza?, ¿qué?” Esto no es fuerza. Esto debilidad. Esto no es claridad, es duda. Esta no es tu vida. Esto no eres tú. Tú eres el elefante poderoso que ha olvidado quién es.

Así que, hay cuatro cosas: te daré una fórmula para estar en paz, para ser feliz. Aquí está, cuatro cosas, es muy buena, fácil:

Uno: estoy escribiendo un libro sobre esto: “Conócete a ti mismo” ¿No te conoces a ti mismo? Vas a ser como un ping-pong, rebotando en esta pared, en la otra. Eso es lo que vas a hacer.

Dos: “Ten gratitud en tu vida. Sé agradecido.” Porque la gratitud te traerá apreciación y la apreciación te traerá gratitud. Aprecia lo que tienes.

¿El problema de la codicia en este mundo? Una cosa que no puede hacer la persona codiciosa, ¿sabes qué es? Apreciar. Desde el mismo momento en que alguien codicioso empiece a apreciar, termina la codicia. Eso es lo que no pueden hacer.

Hay personas en el mundo que todos los días quieren hacer más dinero, más dinero, más dinero. Si comenzaran a apreciar el dinero que tienen, dejarían de hacerlo. Pero quieren hacer más dinero, por tanto no aprecian lo que tienen y solo quieren más y más. Así pues, lo segundo es la gratitud.

Lo tercero es muy importante para ti: “Si fallas, si fallas no aceptes el fracaso. Distingue entre los fallos y el fracaso.”

¿Qué les parece? ¿Entienden lo que estoy diciendo? Fallar y fracasar. Voy a poner un ejemplo. Todos ustedes lo han hecho, todos han tenido la experiencia de haber fallado sin aceptar el fracaso. ¿Lo sabían? Cuando eras un bebé y estabas aprendiendo a caminar, fallabas. Te ponías de pie, te tambaleabas y te caías ¡Fallabas! ¿Verdad? Pero no aceptabas el fracaso. Te volvías a levantar y ¡otra vez! Te tambaleabas y volvías a fallar. Pero no aceptaste nunca el fracaso. Cada vez que te caías te volvías a levantar.

Hoy, cuando fallas, ¿qué sucede? ¿Qué te ocurre cuando fallas hoy en día? Se acabó. Depresión. “Ay, Dios mío, ¿qué me va a pasar? He fracasado.”

¿Crees que el bebé hace eso? “Estoy deprimido. Fallé...” Y este fallar puede continuar todo el día, o 2, 3, 4 , 5, 6, 7, 8, 9, 10 días, pero como el bebé fallaba y nunca aceptó el fracaso, finalmente tuvo éxito.

Pero tú fallas e inmediatamente aceptas el fracaso. Así que, recuérdalo: “Conócete a ti mismo”; esto te traerá paz, conocerte a ti mismo te traerá paz. La gratitud, la apreciación te traerá felicidad. “Fallar, pero nunca aceptar el fracaso” te traerá esperanza, porque ahora vas a ver el mundo entero de una manera diferente, si fallas: “no hay problema, lo volveré a intentar.” Esperanza, eso es esperanza.

Cuando no ves ninguna puerta, ningún camino, ninguna ruta, ahí termina la esperanza, es su fin. No ves otra posibilidad. Pero si ves otra puerta, otro camino, otra vía, hay esperanza: “Iré por ahí, iré por ahí.” Y eso es.

Y lo cuarto. Sé que esto va a ser chocante para ustedes por su cultura. Yo comprendo su cultura. Es muy similar a la de la India. Pero ahora estamos hablando de estar en paz y de tener una vida feliz, ¿no es cierto? Bueno, lo último, muy importante: “No le des importancia a lo que piensan los demás de ti.” No se la des.

Así que ahí estás sentado diciendo: “Ah, sí, me pregunto que estará pensando él, seguro que piensa que estoy loco, que no soy bueno...” Desde que dejes de darle importancia a lo que piensan los demás de ti te empoderas para ser fuerte.

Así que, sé que esto es difícil, pero estas son las cuatro cosas. Si puedes tomarte en serio estas cuatro cosas en tu vida, te garantizo que cambiarás.

Porque estas son las cosas que nos encierran en una caja. Y olvidamos quiénes somos, olvidamos que somos el elefante poderoso y estas cosas que llamamos “problemas” no nos pueden retener. Pero lo hemos olvidado y pensamos que estas cuerdas son mucho más fuertes de lo que son en realidad.

Esto es lo que quería decirles. Espero que reflexionen sobre ello. Es lo único que quiero que hagan. Por lo menos, piénsenlo.

Texto en pantalla:

Este vídeo es cortesía de la Fundación Prem Rawat

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